Después de un fin de semana largo desastroso, creo que mi error es querer negociar las cosas con Marido, como personas civilizadas. Yo le cuento con entusiasmo algo que lei o encontre, y enseguida dispara en él, el miedo a lo desconocido.
Voy a empezar a callarme la boca. Evidentemente, no puedo negociar de antemano nada.
Voy a empezar a decir que si a todo lo que Marido y Pediatra digan, como si fuera una estúpida y después voy a hacer la mia.
Y buscaré una tribu con la que sí pueda hablar.